martes 16 de junio de 2009

Preguntas y respuestas sobre la erección y la disfunción eréctil




Imagen tomada de www.infobae.com

Una de las preocupaciones más importantes de varones (y también sus parejas) son las relacionadas con su erección y las eventuales dificultades que pudieran surgir al respecto. Por eso es necesario esclarecer lo necesario acerca del funcionamiento del Pene, cuándo existen patologías y cuando no, sus posibles causas y tratamientos.

¿Qué es la Disfunción Eréctil (Impotencia)?

La Disfunción Eréctil es la incapacidad para lograr y/o mantener una erección suficiente para la penetración hasta la finalización del acto sexual. Si el problema se produce al menos en uno de cada cuatro intentos, y por un período mínimo de seis meses, se trata de una disfunción sexual.

¿Es un trastorno frecuente? ¿Y a que edad suele presentarse?

Se trata de un trastorno que, afecta aproximadamente al 15% de la población masculina sexualmente activa y al 30% de los varones mayores de 50 años.

A pesar de ser un cuadro frecuente, se calcula que solamente el 13% de esos varones consultan a un profesional para tratarse.

¿Una falta de erección es siempre síntoma de un problema? ¿O puede suceder cada tanto y ser normal?

Una falta de erección no siempre es indicador de impotencia sexual. Es más, la impotencia sexual en general comienza con un episodio de dificultad con la erección que el varón no puede superar ni comprender, y a partir de allí se instala un mecanismo de temor al fracaso y estar excesivamente pendiente de la erección, lo cual por supuesto bloquea su respuesta y alimenta al síntoma.
La erección es vulnerable a muchos factores como el alcohol, el cansancio, la falta de atracción sexual, los problemas de pareja, las exigencias propias y muchos otros más. Pero claro, los varones creemos que debemos responder SIEMPRE y no fallar NUNCA (como boy scouts), y eso no es posible. Tenemos que aprender a aceptar que somos personas, no máquinas, y recordar la teoría de la sabiduría del Pene: cuando un hombre no sabe decir que NO a tiempo, el Pene lo dice por él…

¿Cuáles son las causas médicas y psicológicas más comunes?

Para referirnos a las causas es absolutamente necesario utilizar un enfoque interdisciplinario, y hablamos de una causalidad predominantemente física o predominantemente psicológica.

Las causas físicas más comunes son vasculares (hipertensión arterial, tabaquismo, fuga venosa), neurológicas (diabetes, esclerosis múltiple, alcoholismo, fracturas pélvicas), hormonales (por bajos niveles de testosterona), quirúrgicas (operaciones de próstata, vejiga), medicamentosas (psicofármacos, antihipertensivos), entre otras..

Con respecto a las causas psicológicas, encontramos en la base de la Disfunción Eréctil algunos trastornos psiquiátricos (depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia), factores vinculares (hostilidad conyugal, incompatibilidad sexual, crisis conyugales), mecanismos psicológicos presentes en la relación sexual (ansiedad anticipatoria, temor al fracaso, incapacidad para abandonarse a la experiencia sexual, monitoreo permanente de la función eréctil), factores ligados a la educación sexual (información falsa, degradación de la sexualidad, autoexigencia), entre otras.

Para poder realizar un diagnóstico adecuado existen métodos diagnósticos sofisticados (pruebas de laboratorio, TPN, Eco Doppler, Psicodiagnóstico, etc.).

De todas maneras, si el varón tiene con regularidad erecciones matinales rígidas, erecciones por masturbación o si la disfunción es selectiva (ocurre en determinadas situaciones y no en otras), pensamos que las causas son predominantemente psicológicas. Si tenemos dudas, realizamos un examen más profundo para evaluar otras causas posibles.

¿Existe alguna forma de saber si ante determinado síntoma estamos frente a un problema "psicológico" u "orgánico"?

Los sexólogos contamos con elementos teóricos y determinadas pruebas para establecer si un problema sexual es de origen predominantemente psicológico o predominantemente orgánico. De todas maneras, una vez que se produce el problema y se hace crónico afecta al cuerpo y a la mente como un todo, por lo que se torna un problema del ser humano en su conjunto.

Habitualmente encontramos que los problemas sexuales en los varones jóvenes no tienen causalidad orgánica, salvo por los efectos de enfermedades crónicas tempranas (como la diabetes o la hipertensión arterial), trastornos psiquiátricos (depresión, stress, ataques de pánico, trastornos psicosomáticos, etc.), consecuencias de accidentes o ciertas medicaciones.
Luego de los 50 o 55 años aumenta la posibilidad de trastornos sexuales (sobre todo en la erección) por causas orgánicas.

¿Existen tratamientos efectivos? ¿En qué consisten?

El tratamiento se diseña de acuerdo a las causas evaluadas en el diagnóstico.

El enfoque médico provee al paciente de múltiples opciones para resolver su problema.

El tratamiento hormonal se implementa cuando encontramos alteraciones endocrinas detectando un nivel de testosterona (la hormona masculina) por debajo de lo normal. En este caso se administra testosterona por la vía que el médico considere indicada (intramuscular, oral, transdérmica).

Las inyecciones intracavernosas, muy utilizadas hasta la aparición de medicaciones orales efectivas, son drogas que se aplica el mismo paciente en el pene, luego de que el médico le indique la dosis adecuada tras los estudios correspondientes. La efectividad es alta y las complicaciones menores, considerando al priapismo (erección prolongada) la más importante. Las drogas más utilizadas son la Papaverina, Fentolamina y Prostaglandina E1, que a veces se combinan en diferentes proporciones.

Los aparatos de vacío se utilizan desde hace muchos años, y constituyen un medio no quirúrgico, no invasivo, reversible y mecánico de inducir y mantener una erección. Consisten en un cilindro de plástico donde se coloca el pene, una bomba de producción de vacío (mecánica o electrónica) conectada a ese cilindro y un anillo de goma que se coloca en la base de pene para impedir el escape de sangre. La banda de goma no puede estar colocada más de 30 minutos.

Las medicaciones orales son las de uso más frecuente en la terapéutica de la Disfunción eréctil, y si bien existen varias opciones, las más eficaces actualmente son el Sildenafil (más conocido como Viagra, que es su nombre comercial en Estados Unidos), El Vardenafil (Levitra) y el Tadalafilo (Cialis). Se trata medicaciones que facilitan la erección cuando el paciente es estimulado sexualmente de manera efectiva. Sus efectos duran varias horas (de acuerdo a cada droga) y los efectos adversos más comunes son cefaleas, rubor facial, dispepsia y alteraciones de la visión entre otros.

El tratamiento quirúrgico se indica cuando las opciones anteriores (reversibles) no han dado resultado y comprenden la cirugía de revascularización arterial, la cirugía del escape venoso, y el implante de prótesis peneanas semirrígidas o hidráulicas.

El enfoque psicológico/sexológico es breve, focalizado en el síntoma y consiste en ejercicios sexoeróticos que el paciente lleva a cabo individualmente o en pareja. Los objetivos de los ejercicios son que el paciente recupere su confianza en su capacidad eréctil, aprenda a relajarse y abandonarse a la experiencia erótica, no esté pendiente de su erección, aprenda a comunicar lo que desea en términos de juegos sexuales, y que la pareja mejore la estimulación sexual mutua.

El Viagra, el Cialis y el Levitra: ¿Existen riesgos de tomarlos sin prescripción médica? ¿Los resultados que se logran en hombres jóvenes son tan fantásticos como se comenta? ¿Su consumo puede generar riesgos o problemas?

Con respecto a estas medicaciones deben ser indicadas por el médico y en teoría utilizarse solamente como terapéutica de la disfunción eréctil. Hoy ocurre que se ha desarrollado su uso “recreativo” a tal punto que se venden en Argentina más de un millón de píldoras por mes (obviamente no hay un millón de recetas). Combinarlos con alcohol puede ser fatal y lo mismo ocurre con pacientes que están en tratamiento con Nitritos o Nitratos para patologías cardíacas.

Por otro lado, no podemos dejar de reconocer que una erección con ayuda de estas drogas es habitualmente mejor que una sin ellas (en rigidez y duración) en la mayoría de los casos, pero tenemos que tener cuidado de no generar una adicción psicológica con esta droga.

El alcohol. Siempre lo nombran como un elemento que perjudica el normal desarrollo de una relación sexual, pero ¿existen muchos casos donde el hombre no puede o no se "suelta" frente a una mujer sin alcohol? ¿Cómo juega?

El alcohol tiene un doble efecto: hasta cierta cantidad (variable de acuerdo a la tolerancia de cada individuo) desinhibe y por lo tanto ciertas barreras como tabúes, miedos, vergüenza y demás disminuyen o desaparecen; luego de ese umbral, es claramente perjudicial y actúa bloqueando los reflejos sexuales (erección y eyaculación). Cómo no siempre se puede manejar esa delgada línea entre potenciar e inhibir la respuesta sexual, no se aconseja el alcohol como estimulante. Como decía Shakespeare, “el alcohol aumenta el deseo pero inhibe el acto”.

¿La mujer o compañera puede ser responsable parcial o totalmente de una falta de erección? ¿Y no ser una situación totalmente ajena a ella?

Sí. A veces la mujer con su enojo, irritabilidad, ataque a la virilidad masculina e incomprensión agrega un elemento de exigencia que termina de complicar la situación. En muchos casos vemos que la mujer está tan pendiente de la erección como el varón, o que en el momento en que él se está relajando y comenzando a olvidarse del problema y disfrutar de la situación sale con un “mmmm, hoy no está muy dura…”. La mujer en estos casos tiende a atribuirse parte de la responsabilidad de la situación. “No le gusto”, “no me quiere de verdad” o “tiene otra” son pensamientos automáticos negativos que le generan emociones negativas y no le permiten comprender y acompañar a su pareja que se desvive por satisfacerla.

¿Frente a una falta de erección que debería hacer la mujer? ¿Qué actitud podría ser perjudicial?

Fundamentalmente tener una actitud comprensiva ante la situación. Cuestionar todos aquellos pensamientos negativos propios que pueden llevar a conductas perjudiciales como el reproche, enojo, degradación e indiferencia entre otras. Es fundamental el diálogo, es decir preguntar qué es lo que él siente, sus temores, sus exigencias, sus propias presiones y acompañarlo en un momento que es sumamente duro para el varón.

¿Cuando hay que concurrir al especialista? ¿Frente a síntomas?

Fundamentalmente cuando sentimos que estamos sufriendo por algo ligado a nuestro desempeño sexual, y luego de hacer intentos de manera intuitiva no podemos solucionarlo. Cuanto antes sea la consulta mejor, ya que la intervención será más sencilla y ahorraremos sufrimiento. En muchos casos la “terapia” se reduce a una sesión se asesoramiento y consejos para mejorar la calidad de la relación sexual. En otros se planifica un tratamiento sistemático para solucionar un problema que a veces acompaña al varón desde el inicio de su actividad sexual.

Lo más importante es no dejar pasar demasiado tiempo. Hay personas que por temor, vergüenza o por no saber a quién recurrir dejan pasar años y años con lo cual su problema que al principio era simple se torna crónico.