martes 23 de junio de 2009

Accesorios para la seducción



Imagen tomada de http://jordim.files.wordpress.com/2007/05/173735889_e44908a9d6.jpg

Para llamar la atención del otro y tener un “pretexto” que nos permita facilitar el acercamiento, siempre viene bien el uso de accesorios para la seducción. Lo que elijamos depende, claro está, de nuestro estilo personal. Probablemente si nos identificamos con el estilo “intelectual” no resulte acorde a nuestra imagen un piercing en la lengua. De todas formas, también hay que considerar que algunos pequeños contrastes pueden ser interesantes y seductores. Una vez más, insisto en que cada uno de nosotros tiene que hacer un autoexamen detallado, probar opciones y evaluar con cuál imagen nos sentimos más cómodos.

Los accesorios pueden formar parte del vestuario y del arreglo personal, o ser objetos (por decirlo de alguna manera) que nos acompañan en una situación particular. En todos los casos dicen algo acerca de nosotros, aunque no nos demos cuenta. Por ejemplo, si estamos leyendo un libro en una plaza, el hecho de leer, el título del libro y su autor le permiten al otro hacer determinadas deducciones acerca de nuestra persona. Si queremos ser seductores profesionales, vamos a elegir los accesorios de manera intencional (no casual), porque con ellos pretendemos resaltar determinados aspectos de nuestra persona con los cuales nos sentimos cómodos y deseamos impresionar a alguien en especial.

Debemos tener en cuenta que los accesorios que describiré a continuación pueden dar lugar a que nos acerquemos a la persona de nuestro interés, o a llamar su atención y provocar que esa persona se nos arrime. Es importante estar atentos a las señales de curiosidad que podamos observar: tal vez el otro no se anime a aproximarse y nosotros podemos ayudarlo con alguna pregunta o un comentario.

Algunos accesorios que nos pueden dar resultado:

-Un libro: Puede generar curiosidad o simplemente abrir la posibilidad de un tema en común, que puede ser la misma preferencia por la lectura, por el tema o por el autor.

-Una camiseta con alguna inscripción: Muchos lugares venden camisetas por ejemplo con inscripciones cómicas, frases célebres, fotos de personajes o lugares del mundo. Como en el caso del libro, pueden proporcionar un buen motivo para el acercamiento de la otra persona hacia nosotros, o el nuestro hacia ella al observar determinada reacción que provoca la camiseta. Me ocurrió estando en Europa mientras caminaba con una camiseta de la selección de fútbol de Argentina y una mujer me preguntó si yo era argentino. Nos pusimos a hablar y resultamos ser los dos oriundos no solamente del mismo país, sino de la misma ciudad.

-Una prenda de vestir que resalte alguna parte de nuestro cuerpo: Si tenemos brazos fornidos podemos usar una camiseta ajustada sin mangas, de mangas muy cortas o una musculosa; una camisa con dos o tres botones desabrochados “casualmente” para dejar en claro que nuestros pectorales están trabajados o tentar a “fans del vello masculino”; un pantalón ajustado para mostrar los glúteos; una camisa que permita mostrar el busto; una minifalda (combinada con zapatos de taco alto o con botas) si una mujer tiene bonitas piernas.

-Una prenda de vestir que tenga un atributo fuera de lo común: Pueden ser zapatos, una corbata, una bufanda, un pantalón, ciertas medias. Además de llamar la atención y dejar en claro que tenemos un estilo personal, genera comentarios tales como «Discúlpame, ¿podrías decirme en dónde compraste eso?».

-Maquillaje: Las mujeres pueden resaltar virtudes o corregir imperfecciones utilizando con cierta habilidad el maquillaje, si bien es cierto que otras quedan muy bien con el estilo “cara lavada”.

-Tatuaje o piercing: Son infalibles. Es muy difícil mirar un tatuaje y no tentarse a averiguar de qué se trata. Ubicados en zonas estratégicas resultan además muy sensuales, por ejemplo en el tobillo, en un brazo, en el hombro y en la parte baja del abdomen. Los piercing son llamativos también, y hay varias opciones de colores, formas y materiales.

-Objetos tales como una lapicera, un anillo, un reloj, anteojos, aros, pulsera, llavero, colgante: Por supuesto me refiero a objetos llamativos, no convencionales. Una lapicera común de plástico no podría llamar la atención demasiado (salvo en un entorno sumamente formal), pero sí una delicada, de buena marca.

-Cualquier cosa que nos dé un “toque de distinción”: Una pipa, un sombrero original, un habano, tiradores, gemelos, un pañuelo en el cuello. No son accesorios utilizados habitualmente, y por ese mismo motivo es casi imposible no mirarlos.

-El arreglo del pelo, la barba o el bigote: El cabello tiene un simbolismo erótico muy fuerte. Por eso es muy importante que nos asesoremos y veamos la forma de aprovecharlo mejor. ¿Al natural, batido, lacio, con ondas, con reflejos, con trenzas, atado? Lo mismo ocurre con la barba y con el bigote en el caso del varón. Recuerdo que una vez tenía que encontrarme en un café con un colega para preparar juntos una conferencia, y no nos conocíamos. Por teléfono me dijo: «a mi me reconocerás fácil, soy el que tiene unos bigotes tipo morsa». Y la verdad es que me resultó inconfundible.

-Una mascota simpática: Lo bueno de las mascotas, sobre todo de los perros, es que hacen el trabajo por nosotros. Si lo tenemos entrenado para que sea nuestro aliado, se acercará sin dudar a nuestra “presa” y si le gustan los perros (cosa que en general sucede) tendremos allanado gran parte del camino. Ni hablar si paseando a nuestra mascota nos cruzamos a alguien que está en lo mismo, y ambas dulces criaturas se arriman y comienzan a jugar. Lo que sigue luego de una amable conversación (y si sentimos que existe cierta afinidad) es muy sencillo: «a mi perro le encantaría saber el teléfono del tuyo, así se juntan a jugar de nuevo. ¿Qué te parece la idea?».

-Un animal menos común que un gato o un perro: Un chanchito de la india, un conejo, un hámster, una tortuga, una iguana. No son tan “interactivos” como el perro o el gato, pero cumplen con el objetivo y abren caminos.

-El automóvil: No hace falta que sea caro, lujoso o último modelo. Podemos poner en el vehículo calcomanías, pintarlo de diferentes colores, colocarle alerones, llantas, o cualquier accesorio que lo distinga, y que por supuesto diga algo de nuestra persona.

-El perfume: Infaltable, porque no todo pasa por la vista. El aroma de un buen perfume es irresistible, y complementa a todo lo anterior. El tipo de perfume que utilizamos también hace volar la imaginación.

Además de los accesorios descriptos recién, siempre es bueno contar con algunos elementos básicos que nos pueden ser muy útiles. La oportunidad que estamos buscando puede darse en el momento menos pensado.

Por eso, una lapicera y papel para anotar ese valioso “dato”; una tarjeta personal para entregar, en donde agregamos una pequeña nota; un chocolate que entregamos en mano, situación que aprovechamos además para hacer una tierna y “casual” caricia; unos pétalos de flor, que nos dan la oportunidad de decir «se te cayo esto, florcita hermosa»; nuestra poesía o nuestra frase romántica preferida, que podemos regalar a la vez que acotamos «hace tiempo que tengo esta poesía para darle a alguien, y ahora que te miro me doy cuenta de que eres la persona indicada».

martes 16 de junio de 2009

Preguntas y respuestas sobre la erección y la disfunción eréctil




Imagen tomada de www.infobae.com

Una de las preocupaciones más importantes de varones (y también sus parejas) son las relacionadas con su erección y las eventuales dificultades que pudieran surgir al respecto. Por eso es necesario esclarecer lo necesario acerca del funcionamiento del Pene, cuándo existen patologías y cuando no, sus posibles causas y tratamientos.

¿Qué es la Disfunción Eréctil (Impotencia)?

La Disfunción Eréctil es la incapacidad para lograr y/o mantener una erección suficiente para la penetración hasta la finalización del acto sexual. Si el problema se produce al menos en uno de cada cuatro intentos, y por un período mínimo de seis meses, se trata de una disfunción sexual.

¿Es un trastorno frecuente? ¿Y a que edad suele presentarse?

Se trata de un trastorno que, afecta aproximadamente al 15% de la población masculina sexualmente activa y al 30% de los varones mayores de 50 años.

A pesar de ser un cuadro frecuente, se calcula que solamente el 13% de esos varones consultan a un profesional para tratarse.

¿Una falta de erección es siempre síntoma de un problema? ¿O puede suceder cada tanto y ser normal?

Una falta de erección no siempre es indicador de impotencia sexual. Es más, la impotencia sexual en general comienza con un episodio de dificultad con la erección que el varón no puede superar ni comprender, y a partir de allí se instala un mecanismo de temor al fracaso y estar excesivamente pendiente de la erección, lo cual por supuesto bloquea su respuesta y alimenta al síntoma.
La erección es vulnerable a muchos factores como el alcohol, el cansancio, la falta de atracción sexual, los problemas de pareja, las exigencias propias y muchos otros más. Pero claro, los varones creemos que debemos responder SIEMPRE y no fallar NUNCA (como boy scouts), y eso no es posible. Tenemos que aprender a aceptar que somos personas, no máquinas, y recordar la teoría de la sabiduría del Pene: cuando un hombre no sabe decir que NO a tiempo, el Pene lo dice por él…

¿Cuáles son las causas médicas y psicológicas más comunes?

Para referirnos a las causas es absolutamente necesario utilizar un enfoque interdisciplinario, y hablamos de una causalidad predominantemente física o predominantemente psicológica.

Las causas físicas más comunes son vasculares (hipertensión arterial, tabaquismo, fuga venosa), neurológicas (diabetes, esclerosis múltiple, alcoholismo, fracturas pélvicas), hormonales (por bajos niveles de testosterona), quirúrgicas (operaciones de próstata, vejiga), medicamentosas (psicofármacos, antihipertensivos), entre otras..

Con respecto a las causas psicológicas, encontramos en la base de la Disfunción Eréctil algunos trastornos psiquiátricos (depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia), factores vinculares (hostilidad conyugal, incompatibilidad sexual, crisis conyugales), mecanismos psicológicos presentes en la relación sexual (ansiedad anticipatoria, temor al fracaso, incapacidad para abandonarse a la experiencia sexual, monitoreo permanente de la función eréctil), factores ligados a la educación sexual (información falsa, degradación de la sexualidad, autoexigencia), entre otras.

Para poder realizar un diagnóstico adecuado existen métodos diagnósticos sofisticados (pruebas de laboratorio, TPN, Eco Doppler, Psicodiagnóstico, etc.).

De todas maneras, si el varón tiene con regularidad erecciones matinales rígidas, erecciones por masturbación o si la disfunción es selectiva (ocurre en determinadas situaciones y no en otras), pensamos que las causas son predominantemente psicológicas. Si tenemos dudas, realizamos un examen más profundo para evaluar otras causas posibles.

¿Existe alguna forma de saber si ante determinado síntoma estamos frente a un problema "psicológico" u "orgánico"?

Los sexólogos contamos con elementos teóricos y determinadas pruebas para establecer si un problema sexual es de origen predominantemente psicológico o predominantemente orgánico. De todas maneras, una vez que se produce el problema y se hace crónico afecta al cuerpo y a la mente como un todo, por lo que se torna un problema del ser humano en su conjunto.

Habitualmente encontramos que los problemas sexuales en los varones jóvenes no tienen causalidad orgánica, salvo por los efectos de enfermedades crónicas tempranas (como la diabetes o la hipertensión arterial), trastornos psiquiátricos (depresión, stress, ataques de pánico, trastornos psicosomáticos, etc.), consecuencias de accidentes o ciertas medicaciones.
Luego de los 50 o 55 años aumenta la posibilidad de trastornos sexuales (sobre todo en la erección) por causas orgánicas.

¿Existen tratamientos efectivos? ¿En qué consisten?

El tratamiento se diseña de acuerdo a las causas evaluadas en el diagnóstico.

El enfoque médico provee al paciente de múltiples opciones para resolver su problema.

El tratamiento hormonal se implementa cuando encontramos alteraciones endocrinas detectando un nivel de testosterona (la hormona masculina) por debajo de lo normal. En este caso se administra testosterona por la vía que el médico considere indicada (intramuscular, oral, transdérmica).

Las inyecciones intracavernosas, muy utilizadas hasta la aparición de medicaciones orales efectivas, son drogas que se aplica el mismo paciente en el pene, luego de que el médico le indique la dosis adecuada tras los estudios correspondientes. La efectividad es alta y las complicaciones menores, considerando al priapismo (erección prolongada) la más importante. Las drogas más utilizadas son la Papaverina, Fentolamina y Prostaglandina E1, que a veces se combinan en diferentes proporciones.

Los aparatos de vacío se utilizan desde hace muchos años, y constituyen un medio no quirúrgico, no invasivo, reversible y mecánico de inducir y mantener una erección. Consisten en un cilindro de plástico donde se coloca el pene, una bomba de producción de vacío (mecánica o electrónica) conectada a ese cilindro y un anillo de goma que se coloca en la base de pene para impedir el escape de sangre. La banda de goma no puede estar colocada más de 30 minutos.

Las medicaciones orales son las de uso más frecuente en la terapéutica de la Disfunción eréctil, y si bien existen varias opciones, las más eficaces actualmente son el Sildenafil (más conocido como Viagra, que es su nombre comercial en Estados Unidos), El Vardenafil (Levitra) y el Tadalafilo (Cialis). Se trata medicaciones que facilitan la erección cuando el paciente es estimulado sexualmente de manera efectiva. Sus efectos duran varias horas (de acuerdo a cada droga) y los efectos adversos más comunes son cefaleas, rubor facial, dispepsia y alteraciones de la visión entre otros.

El tratamiento quirúrgico se indica cuando las opciones anteriores (reversibles) no han dado resultado y comprenden la cirugía de revascularización arterial, la cirugía del escape venoso, y el implante de prótesis peneanas semirrígidas o hidráulicas.

El enfoque psicológico/sexológico es breve, focalizado en el síntoma y consiste en ejercicios sexoeróticos que el paciente lleva a cabo individualmente o en pareja. Los objetivos de los ejercicios son que el paciente recupere su confianza en su capacidad eréctil, aprenda a relajarse y abandonarse a la experiencia erótica, no esté pendiente de su erección, aprenda a comunicar lo que desea en términos de juegos sexuales, y que la pareja mejore la estimulación sexual mutua.

El Viagra, el Cialis y el Levitra: ¿Existen riesgos de tomarlos sin prescripción médica? ¿Los resultados que se logran en hombres jóvenes son tan fantásticos como se comenta? ¿Su consumo puede generar riesgos o problemas?

Con respecto a estas medicaciones deben ser indicadas por el médico y en teoría utilizarse solamente como terapéutica de la disfunción eréctil. Hoy ocurre que se ha desarrollado su uso “recreativo” a tal punto que se venden en Argentina más de un millón de píldoras por mes (obviamente no hay un millón de recetas). Combinarlos con alcohol puede ser fatal y lo mismo ocurre con pacientes que están en tratamiento con Nitritos o Nitratos para patologías cardíacas.

Por otro lado, no podemos dejar de reconocer que una erección con ayuda de estas drogas es habitualmente mejor que una sin ellas (en rigidez y duración) en la mayoría de los casos, pero tenemos que tener cuidado de no generar una adicción psicológica con esta droga.

El alcohol. Siempre lo nombran como un elemento que perjudica el normal desarrollo de una relación sexual, pero ¿existen muchos casos donde el hombre no puede o no se "suelta" frente a una mujer sin alcohol? ¿Cómo juega?

El alcohol tiene un doble efecto: hasta cierta cantidad (variable de acuerdo a la tolerancia de cada individuo) desinhibe y por lo tanto ciertas barreras como tabúes, miedos, vergüenza y demás disminuyen o desaparecen; luego de ese umbral, es claramente perjudicial y actúa bloqueando los reflejos sexuales (erección y eyaculación). Cómo no siempre se puede manejar esa delgada línea entre potenciar e inhibir la respuesta sexual, no se aconseja el alcohol como estimulante. Como decía Shakespeare, “el alcohol aumenta el deseo pero inhibe el acto”.

¿La mujer o compañera puede ser responsable parcial o totalmente de una falta de erección? ¿Y no ser una situación totalmente ajena a ella?

Sí. A veces la mujer con su enojo, irritabilidad, ataque a la virilidad masculina e incomprensión agrega un elemento de exigencia que termina de complicar la situación. En muchos casos vemos que la mujer está tan pendiente de la erección como el varón, o que en el momento en que él se está relajando y comenzando a olvidarse del problema y disfrutar de la situación sale con un “mmmm, hoy no está muy dura…”. La mujer en estos casos tiende a atribuirse parte de la responsabilidad de la situación. “No le gusto”, “no me quiere de verdad” o “tiene otra” son pensamientos automáticos negativos que le generan emociones negativas y no le permiten comprender y acompañar a su pareja que se desvive por satisfacerla.

¿Frente a una falta de erección que debería hacer la mujer? ¿Qué actitud podría ser perjudicial?

Fundamentalmente tener una actitud comprensiva ante la situación. Cuestionar todos aquellos pensamientos negativos propios que pueden llevar a conductas perjudiciales como el reproche, enojo, degradación e indiferencia entre otras. Es fundamental el diálogo, es decir preguntar qué es lo que él siente, sus temores, sus exigencias, sus propias presiones y acompañarlo en un momento que es sumamente duro para el varón.

¿Cuando hay que concurrir al especialista? ¿Frente a síntomas?

Fundamentalmente cuando sentimos que estamos sufriendo por algo ligado a nuestro desempeño sexual, y luego de hacer intentos de manera intuitiva no podemos solucionarlo. Cuanto antes sea la consulta mejor, ya que la intervención será más sencilla y ahorraremos sufrimiento. En muchos casos la “terapia” se reduce a una sesión se asesoramiento y consejos para mejorar la calidad de la relación sexual. En otros se planifica un tratamiento sistemático para solucionar un problema que a veces acompaña al varón desde el inicio de su actividad sexual.

Lo más importante es no dejar pasar demasiado tiempo. Hay personas que por temor, vergüenza o por no saber a quién recurrir dejan pasar años y años con lo cual su problema que al principio era simple se torna crónico.

domingo 31 de mayo de 2009

Entrevista al Lic. Ezequiel López Peralta - CG Magazine (Venezuela).

Entrevista CG Magazine Entrevista CG Magazine eperalta Primera parte de la entrevista de CG Magazine de Venezuela al sexólogo Ezequiel López Peralta sobre su vida y su profesión.



Entrevista al sexólogo Ezequiel López Peralta (parte 2) Entrevista al sexólogo Ezequiel López Peralta (parte 2) eperalta Segunda parte de la entrevista de CG Magazine de Venezuela al sexólogo Ezequiel López Peralta.

viernes 29 de mayo de 2009

Adicción al sexo


Imagen de www.diariouno.com.ar

La Adicción al Sexo no presenta como trastorno grandes diferencias en comparación con otro tipo de adicciones. Sin embargo, el “objeto” (por llamarlo de alguna manera) con el cual se establece una relación de dependencia es, en este caso, muy particular y nada menos que el sexo, lo que da lugar a que se trate de una problemática menos discutida y expuesta que las demás adicciones.

Según estadísticas el 6% de la población padece Adicción al Sexo o Deseo Sexual Hiperactivo. Curiosamente el 2% del total de adictos al sexo son mujeres, quienes son denominadas popularmente “ninfómanas”. De hecho todos los trastornos en el control de los impulsos y las adicciones en general tienen mayor prevalencia sobre la población masculina.

Consideramos que existe Adicción Sexual cuando la persona no controla su impulso sexual, el cual debe ser necesariamente canalizado de manera muy frecuente a través de comportamientos como consumo de pornografía, masturbación, relaciones sexuales, consumo o ejercicio de la prostitución, acceso a líneas “calientes” y sitios de internet, entre otros. Las conductas mencionadas son estimuladas por pensamientos sexuales que dominan la escena mental trastornando el rendimiento laboral e intelectual, las relaciones afectivas y sociales. La mujer adicta al sexo siente que la descarga directa del impulso es lo que le permitirá reducirlo, pero esto no ocurre y por lo tanto la insatisfacción sexual es permanente. La angustia y los sentimientos de culpa crecientes están muy alejados de la imagen popular de la adicta sexual que muchas veces hasta es objeto de “envidia” debido a su actividad sexual muy superior al promedio cuantitativamente hablando. Cuántos hombres habrán pensado o dicho “yo quiero una ninfómana, ya que me va a dar mucho placer…”, pero si tienen la oportunidad real de estar con ella enseguida sentirán el peso de esa demanda e insatisfacción sexual constante. Las características de la Adicción Sexual dan lugar a situaciones graves de la vida cotidiana: pérdida del empleo, bajo rendimiento en los estudios, conflictos de pareja por la presión de mantener relaciones sexuales con altísima frecuencia o también producto de relaciones sexuales simultáneas recurrentes, trastornos psicológicos derivados (ansiedad, depresión, etcétera), contagio de infecciones de transmisión sexual. Para reflejar esta difícil realidad de los adictos al sexo, basta con mencionar las cifras obtenidad por el National Council of Sexual Addiction (NCSA) de EEUU un 40% pierde a su pareja, otro 40% sufre embarazos no deseados, un 72% tiene ideas obsesivas sobre el suicidio, un 17% ha intentado quitarse la vida, un 36% aborta, un 27% tiene problemas laborales y un 68% tiene riesgo de contraer el sida u otras enfermedades de transmisión sexual.

La Adicción al Sexo suele confundirse con el “deseo sexual normal alto”. Muchas pacientes vienen a consulta con un autodiagnóstico, “soy adicta al sexo” dicen. Y si el psicoterapeuta no tiene los criterios correctos puede confirmar ese diagnóstico y producir consecuencias que podrían evitarse. La paciente con deseo sexual normal alto tiene una motivación sexual elevada (generalmente dicen necesitar de al menos una relación sexual o masturbación diaria) pero a diferencia de la adicta sexual sienten satisfacción en sus encuentros eróticos, pueden controlar sus pensamientos y conductas sexuales en caso de ser necesario, y no sienten que el deseo sexual sea un problema ni algo que genere emociones negativas.

Desde la sexología no contamos con herramientas específicas para tratar este trastorno. El mayor aporte del sexólogo clínico es en el diagnóstico diferencial (lo cual no es de menor importancia). Es necesario para el tratamiento un esquema multidisciplinario en el cual integremos a un psicólogo clínico, un psicoterapeuta de parejas, un psicoterapeuta de familias, un médico psiquiatra y al grupo de autoayuda. De acuerdo al diagnóstico será necesario un tratamiento psicológico específico de tipo cognitivo comportamental acompañado de la intervención en pareja y en terapia familiar (una de las dos o ambas según las características del caso). La contención y orientación a la pareja de la paciente, su familia y el trabajo en redes de apoyo son objetivos que no deben descuidarse. El tratamiento psicofarmacológico es un eje fundamental e imprescindible de la intervención, ya que de otra manera la reducción de la compulsión y los síntomas asociados es poco probable con el consiguiente agravamiento del trastorno, sus consecuencias en la vida cotidiana y el posible abandono de la psicoterapia. Finalmente, existen en varios lugares del mundo grupos de adictos sexuales que funcionan con reglas, funciones y eficacia similares a la de los grupos implementados para otras adicciones (como “Alcohólicos Anónimos”).

miércoles 24 de diciembre de 2008

Estilos de seducción



Imagen tomada de la URL http://noticias.biboz.net/imagenes/2008/07/seduccion1.gif

Siguiendo una frase que es casi un mandamiento de mi modelo de trabajo, “sedúcete a ti mismo”, el autoconocimiento tiene un papel trascendental y es entonces el foco de los seminarios que coordino sobre este tema. Encontrar un estilo de seducción personal y único, tomando quizás diferentes recursos de modelos externos y de la búsqueda interna, es la manera de sentir que tenemos éxito en el arte de la seducción.

La idea de que existe un modelo de estética, de comportamiento y de expresión excluyente, de un paradigma que debemos de seguir varones y mujeres si queremos ser exitosos a la hora de seducir, es absolutamente errónea. Algunas décadas atrás, el varón y la mujer debíamos manejarnos con patrones de comportamiento muy limitados y cuya transgresión era severamente penada de manera social y a veces también legal. El varón deseable seguía ciertas características, y la mujer por su parte también tenía las suyas. Entonces, algo que resulta maravilloso de nuestra época es la diversidad y la posibilidad de manejarnos con libertad dentro de parámetros mucho menos rígidos que los de otros tiempos. Podemos ser varones o ser mujeres de maneras muy diferentes, y sin pensar que necesariamente hay cosas que son solo de uno o de otro género. Y así como cambiaron tanto los roles y los patrones de comportamiento, también se diversificaron los modelos de atracción sexual. Varones y mujeres de características muy diferentes pueden resultar igualmente atractivos. A su vez, los códigos de la seducción se están redefiniendo y las maneras en las cuales se producen los acercamientos entre “pretendientes” dejaron de ser estructuradas, predecibles y ritualizadas, para adquirir espontaneidad y plasticidad. En síntesis, los estilos y los recursos para seducir se han flexibilizado y las variantes se han enriquecido notablemente.

Vamos a diferenciar entonces entre estilos y recursos para seducir. Cuando hablo de los estilos para seducir, apunto a una línea o a un marco general dentro del cual pueden utilizarse diferentes recursos. Para ser sintético, tomaré como referencia tres estilos de seducción (válidos para varones y mujeres) y además indicaré cuáles son los recursos más utilizados habitualmente dentro de cada uno de ellos.

a) El estilo intelectual

En este caso la clave de la seducción es el saber. Contar con información importante acerca de un tema en particular, o conocer de temas variados y distintos, sin lugar a dudas pone al otro en un lugar de respeto. La capacidad de asociación rápida, de abstracción, de análisis, de síntesis, de recordar hechos o conceptos, son parte de lo que se denomina habitualmente inteligencia (sin analizar el concepto desde el marco de las “inteligencias múltiples”).

Quizás el poder de la atracción intelectual radica en que se supone que detrás de un ser inteligente habitan otras cualidades que también son deseables, como la serenidad, la tranquilidad, el control de los impulsos, la empatía, la seguridad, la protección, el éxito laboral y económico.

Si nuestro estilo es el intelectual mostramos nuestra capacidad a veces de manera natural porque el contexto nos lo permite (por ejemplo, el profesor en un contexto académico o el médico en un contexto asistencial). Y otras veces llevamos la situación hacia terrenos que dominamos: sacamos temas de conversación en los cuales podemos hacer gala de nuestros conocimientos, contamos anécdotas personales, hacemos una reseña de logros intelectuales. El lenguaje corporal es particular y acompaña al contenido de nuestro discurso: solemos adoptar una postura erguida, cruzar los brazos, llevar una de manos o un dedo hacia la barbilla, mirar fijamente y con serenidad. Algunos “soportes” materiales son bienvenidos para reforzar la imagen intelectual: anteojos, saco y corbata, maletín, diplomas, lapiceras refinadas, biblioteca repleta de libros, etcétera.

b) El estilo carismático

Este estilo integra algunas virtudes personales que dan lugar a que una persona se sienta absolutamente cómoda y atraída hacia alguien. Si el estilo con el que nos identificamos es el carismático tenemos las habilidades sociales necesarias para llamar la atención, generar curiosidad y provocar admiración, atracción interpersonal y deseo. Algunas claves son el sentido del humor, la capacidad de hacer sentir cómodo, confiado y relajado al otro, el dominio del discurso, la asertividad, la expresión de las emociones, el cuidado de nuestra estética.

El atractivo del estilo carismático se basa en la posesión de virtudes que la mayoría de los varones y mujeres deseamos. Por eso despiertan en nosotros un encanto muy personal, inevitablemente dejan su marca y tienen un imán que les permite destacarse por sobre los demás. La postura y la forma de encarar las relaciones interpersonales permite al otro relajarse y liberar emociones, sentimientos y pensamientos que en otras ocasiones resultaría mucho más difícil. Nos hacen sentir a los demás muy especiales, y nos transmiten una mirada positiva de la vida. Todo esto hace suponer que detrás de alguien tan encantador, existe en potencia una relación saludable, divertida, relajada, estable y equilibrada.

Si somos carismáticos expresamos un perfil desinhibido y encarador. Mostramos firmeza y recursos suficientes como para superar los obstáculos que se presenten. Somos la persona a la que todos se quieren acercar. Un lugar cerca de nosotros es motivo de disputas y de celos entre los demás. Utilizamos un lenguaje justo y preciso, sabemos hablar y escuchar en el momento adecuado. No nos tiembla la voz si tenemos que decir “no”, pero lo hacemos con diplomacia. La mirada es cálida, el tono adecuado al contexto en el que nos insertamos, la sonrisa es amplia. Solemos mostrar afecto por los demás apelando a toques suaves con las manos y a abrazos. Y mantenemos la distancia espacial justa para que el otro se sienta cómodo pero no intimidado. Hablamos de nosotros mismos lo justo y necesario, de manera tal de no caer en el narcisismo y a la vez dejar una buena dosis de misterio sobre nuestra vida rondando en el ambiente.

c) El estilo sensual/erótico

Se trata del estilo que asociamos usualmente con la seducción. El atractivo del estilo sensual tiene como sustento principal la belleza física, de acuerdo a lo que es considerado bello en un tiempo y en un lugar determinados. En nuestra cultura occidental, coexisten diferentes parámetros de belleza. Incluso algunos resultan opuestos en sus características. Nada tiene que ver el varón “metrosexual”, que cuida al milímetro su imagen tanto más que una mujer típica, con el “retrosexual”, que tiene un estilo similar al del “macho recio” de imagen dura y descuidada. Tampoco son parecidas la mujer súperproducida, que no deja detalle sin atender, con la mujer sencilla, que seduce a cara lavada y sin demasiados preparativos. Las personas con estilo sensual/erótico nos generan una atracción primitiva, automática y vinculada con el impulso erótico, movilizando la química del deseo.

La conocida idea de que “lo bello es bueno”, nos conduce a pensar que una persona bella es además exitosa, con estatus, hábil para las relaciones sociales y de alta estima. Es verdad que la belleza facilita muchas veces el camino para lograr objetivos, en diferentes planos de la vida. Y también es cierto que buscamos asociarnos con personas bellas.

Si actuamos utilizando las tácticas del seductor sensual, apuntaremos a resaltar nuestras mejores virtudes estéticas. Acomodamos el vestuario para mostrar sugerentemente determinadas partes del cuerpo, moldeadas por la naturaleza, la gimnasia o la cirugía. Con el peinado, el maquillaje (o la falta total del mismo) y los accesorios como relojes, tatuajes, pulseras, aros, piercings y collares perseguimos el mismo objetivo: despertar el instinto ajeno. Para complementar lo anterior, cuidamos otros detalles asociados: el modo de caminar, los gestos al hablar o al escuchar, la mirada cautivante, el tono de voz susurrante, la media sonrisa, el perfume.

Para completar este punto de los estilos para seducir, me parece importante destacar dos cosas:

Primero, que este esquema planteado no es rígido ya que es posible que integremos recursos de dos o más estilos, o incluso que a lo largo de la vida asumamos estilos diferentes.

Segundo, que si nos ubicamos dentro de uno de los tres estilos no necesariamente adoptamos todas las cualidades enumeradas para cada uno. Por ejemplo, es posible despertar el impulso erótico (estilo sensual/erótico) con una voz acariciante y una linda sonrisa, sin precisar de otros “requisitos”.

La pregunta final, luego de toda esta información, es: vos, ¿con que estilo te identificás?