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El deseo sexual en la pareja resulta un tema sumamente complejo. La creencia de que el deseo se mantiene estable y permanente a lo largo del tiempo sin que las personas hagan nada para sostenerlo ya está demostrado que es una falacia. El enigmático deseo sexual presenta variaciones individuales (a lo largo del tiempo, según etapas de la vida e incluso en el mismo día) y en diferentes momentos del vínculo de pareja.
Las investigaciones recientes arrojan que en los primeros tiempos de la relación de pareja generalmente la pasión es uno de los ejes centrales, mientras que con los meses y años el cariño sigue una curva ascendente y la sensualidad una curva inversa. El compañerismo y el afecto (a veces fraternal) ganan lugar sobre el deseo sexual que si no se trabaja y estimula puede apagarse produciendo un estado de verdadero desinterés mutuo. El predominio de determinados objetivos y proyectos al consolidarse el vínculo lleva a restar la energía que le dedicamos al erotismo. Los espacios íntimos se reducen (a veces a cero) con el advenimiento de los hijos, las obligaciones y las preocupaciones. El acostumbramiento al cuerpo del otro, el descuido de las conductas sensuales en la pareja, la monotonía y la mecanización de las relaciones sexuales (que pueden llegar a ser totalmente predecibles) dan lugar a un panorama deserotizante.
Por otro lado, en nuestra cultura particularmente está arraigada la creencia de que la seducción y todos sus recursos están orientados a una etapa que es la de conquista. Una vez que logramos el objetivo, perdemos gradualmente el interés por seducir a nuestra pareja y en la misma medida se apaga el deseo.
Cuando además existen trastornos sexuales (que incluso pueden ser consecuencia de lo anterior) la situación se torna aún más difícil.
No quiero que mi mensaje sea interpretado como negativo. De hecho, si en una pareja se instaló la química del deseo desde el principio (lo cual constituye una base erótica firme) podemos tomar algunas medidas y considerar ciertas indicaciones.
Lo fundamental es pensar que el deseo y la pasión necesitan del alimento de la creatividad, la innovación, el cuidado del otro, las fantasías, el afecto, el equilibrio entre los espacios individuales y los compartidos en la pareja, la comunicación eficaz. En definitiva, la pasión y el deseo no se sostienen por mecanismos automáticos, sino que deben ser cuidados y trabajados artesanalmente por nosotros, siempre y cuando estemos (en colaboración con la pareja) interesados en ese aspecto. Y como idea integradora de lo anterior, es fundamental tener claro (sobre todo en estos tiempos) que la seguridad y la incondicionalidad (es decir sentir que tenemos “asegurado” al otro) no son más que construcciones mentales que organizamos para darnos estabilidad. Pero si descuidamos nuestro vínculo, esa estructura puede quebrarse en el momento menos pensado, o incluso sin darnos cuenta. En suma, quizás la actitud más apropiada sea la de actuar pensando en que no basta con la conquista inicial, y que la satisfacción de la pareja está relacionada directamente con el cuidado y la conquista en el día a día.
Aprovechar el poder de las fantasías sexuales es fundamental en este proceso de “reedición” del erotismo. Las fantasías están para orientar nuestras acciones, pero eso sí: debemos preocuparnos por dejar siempre alguna por practicar, de manera tal de tener en todo momento nuevos incentivos para desarrollar la sexualidad. Por suerte la capacidad humana de crear es infinita, y esto podemos aplicarlo al sexo
Otra cuestión importante: varones y mujeres podemos tener fantasías diferentes y es necesario que nos comuniquemos de manera explícita al respecto para así aprovechar al máximo el potencial erótico de las mismas.
Las mujeres tienen fantasías sexuales bastante distintas a las que se reflejan en el imaginario masculino. Cobra mucha relevancia el contexto del sexo: un lugar agradable, cálido, preparado especialmente para la ocasión. Las mujeres fantasean con un amante sensible, tierno y apasionado en su debido momento, que la hace sentir única, especial y sensual. Las caricias en la piel (en todo el cuerpo, no solamente en los genitales) y tener en cuenta los cinco sentidos (tacto, olfato, vista, gusto y oído) son quizás los afrodisíacos más poderosos. La fantasía femenina está ligada al romanticismo y a la seducción, culminando luego de un proceso de excitación prolongado con un acto pleno de pasión.
No encontramos grandes diferencias entre mujeres casadas y solteras. Sí quizás la necesidad de la mujer casada sumida en la rutina matrimonial de reeditar los encuentros de otros tiempos en los cuales la seducción era un aspecto primordial de la relación.
En el caso de los varones nos encontramos con fantasías mucho más genitales. Se parecen bastante a una película pornográfica: mucho sexo oral, una mujer activa y “caliente”, observación de partes del cuerpo tales como la cola, los pechos y las caderas, y tener sexo con dos mujeres simultáneamente. Además, en la fantasía del varón predomina el goce de la mujer, es decir que ver como la mujer goza durante el acto sexual (tomando generalmente como medida del goce la cantidad y calidad de los orgasmos) resulta altamente excitante. También variar de posturas sexuales y tener un coito prolongado e intenso son situaciones privilegiadas en la mente erótica masculina.
Si nos comunicamos de manera clara sobre lo que nos atrae sexualmente, lo que deseamos, lo que nos enciende el “piloto sexual” y también lo que nos puede bloquear, se abre un panorama interesante por delante. Llevar estas ideas a la acción en el momento oportuno y buscar el complemento para que ninguno sienta que se dejan sus deseos de lado es el paso siguiente. Si sigue estas indicaciones, la batalla está ganada.
jueves 1 de octubre de 2009
¿Otra vez sopa? El deseo sexual en la pareja
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Lic. Ezequiel López Peralta
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Etiquetas: Erotismo
domingo 30 de agosto de 2009
Hiposexualidad: jaque mate al deseo
Imagen tomada de http://www.eltiempo.com/vidadehoy/2008-07-12/IMAGEN/IMAGEN-4374395-1.jpg
En tiempos de supuesta libertad sexual y de estimulación erótica por doquier, es cada vez más frecuente que nos encontremos con personas denominadas "hiposexuales". ¿Es una ironía de nuestra cultura? ¿Una patología sexual? ¿Una situación que se acepta y a la que no se le debe dar trascendencia? Veamos algunas respuestas al respecto.
¿Qué características tienen un "hiposexual"?
Es una persona con una motivación sexual mínima o directamente ausente. Se caracterizan por la disminución o ausencia de fantasías sexuales y de las ganas de involucrarse en algún tipo de actividad sexual (coito, masturbación, juegos eróticos). Prácticamente no piensan en el sexo de modo placentero, evitan las relaciones sexuales no porque les produzcan ansiedad o rechazo, sino simplemente por falta de interés. En general el funcionamiento sexual es deficiente, tanto en lo que respecta a la fase de excitación como de orgasmo. Es sumamente común escuchar de parte de estos hombres y mujeres cosas tales como “podría vivir sin tener sexo” o “lo hago solamente para complacer a mi pareja”.
¿Ser "hiposexual" es una disfunción? a qué se debe? les suele ocurrir tanto a las mujeres como a los hombres?
Es una disfunción de la fase de deseo de la respuesta sexual y que técnicamente se denomina “Deseo sexual hipoactivo”. Las causas son complejas, y pueden involucrar factores físicos (enfermedades, uso de medicamentos, dolor), psicológicos (stress, depresión, preocupaciones, deseo estructuralmente bajo, pensamientos negativos), vinculares (relaciones mal avenidas, discusiones, violencia, cortejo pobre, déficit en la comunicación, infidelidades), y sociales (exigencias estéticas y personales desmedidas, crisis socioeconómica, falta o distorsión de la información).
Algunas personas tienen ya una estructura hiposexual, es decir que su termostato sexual es bajo y no sienten deseo independientemente de las características de la pareja, su estado psicológico y las circunstancias de vida. Otras en cambio tienen un nivel de deseo propio normal bajo o normal alto, pero por alguna de las circunstancias que mencionaba recién han perdido esa motivación sexual.
La hiposexualidad es más común en mujeres que en varones, sin embargo en los últimos años está aumentando notablemente la consulta de varones preocupados por la disminución de su deseo sexual.
¿Qué consecuencias puede tener una persona "hiposexual"?
En principio es importante revisar bien las posibles causas ya que a veces la hiposexualidad es un síntoma de enfermedades médicas o trastornos psicológicos que debemos tratar. Con respecto a las consecuencias, en principio la más grave es esa suerte de discriminación que se siente cuando se habla tanto de sexo, parece ser algo tan trascendente en la vida de todas las personas y a vos no te ocurre nada de eso… por eso la pregunta que se hacen es. “¿soy anormal?”. Además, si se está en pareja y la compañera o compañero tiene un nivel de deseo sexual más elevado, va a existir una demanda que a la larga o a la corta se traducirá en conflictos, interpretaciones de lo que ocurre, quizás incluso discusiones y hasta una separación.
¿Llegan al consultorio personas con estas características que quieren superar su problema?
Un 60 por ciento de las parejas que consultan al especialista en sexualidad humana lo hacen por este tema. A veces no es el motivo de consulta manifiesto, y aparece velado detrás de otro tipo de disfunciones sexuales que quizás producen una mayor preocupación como la disfunción eréctil masculina o la anorgasmia femenina.
¿Cuál es el tratamiento indicado para este tipo de pacientes?
El diseño del tratamiento se realiza teniendo en cuenta las causas que están operando en el paciente y que son pasibles de modificaciones. Por ejemplo si de acuerdo con el diagnóstico del profesional el cuadro de inhibición del deseo sexual es secundario a una depresión, habrá que tratar primero esa patología; si es producto de una enfermedad médica como el hipotiroidismo, es necesario el abordaje de la enfermedad y evaluar posteriormente si el deseo mejoró; si creemos que la causa está relacionada con el consumo de un determinado fármaco, el médico verá la posibilidad de sustituirlo por otro que tenga una acción menos perjudicial sobre la esfera sexual, disminuir la dosis, suspenderlo temporariamente o utilizar antídotos.
Si en cambio el terapeuta sexual encuentra ciertas causas inmediatas (es decir mecanismos psicológicos, conductuales o de la interacción presentes en la escena sexual) en la base del trastorno, trabajará para su rápida modificación.
En este sentido, es importante tener en cuenta algunas estrategias generales para el abordaje del Deseo Sexual Hipoactivo: Aumentar la conciencia del paciente, mostrándole como él regula de manera disfuncional su deseo sexual; entrenarlo para acentuar la atención en los aspectos positivos de su pareja y su relación sexoerótica y desacentuar el enfoque sobre lo negativo; entrenarlo en el uso de la fantasía sexual.
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Lic. Ezequiel López Peralta
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Etiquetas: Sexología Clínica
Sexualidad virtual: características, usos y abusos.
Imagen tomada de http://blogs.clarin.com/blogfiles/http-blogs-clarin-com-el-conventillo/58251.JPG
El sexo virtual es una de las tantas consecuencias de los avances tecnológicos irrefrenables que estamos viviendo. Puede adoptar diferentes formas, de acuerdo a la manera en que sea practicado y los fines que se persigan.
Sin dudas una de las grandes revoluciones que ha experimentado la sexualidad en los últimos tiempos es la posibilidad de ser desarrollada en un plano bi-dimensional, y por lo tanto lejos de lo que siempre fue su esencia: el contacto físico entre las personas por medio de los cinco sentidos.
El auge de esta manera de experimentar la sexualidad, nos lleva a hacernos nuevos planteos y a reflexionar acerca de sus bondades y perjuicios.
A continuación describo sus características básicas y expongo algunas reflexiones personales acerca de este fenómeno.
1.- El predominio de la fantasía. La interacción en dos dimensiones facilita el desarrollo de las fantasías que tiene que ver en todo caso con nuestro deseo y nuestros ideales de pareja y amante. Las relaciones en 3D permiten percibir una serie de señales y mensajes que nos acercan más o menos rápidamente (según la ocasión) a lo que es el otro y por lo tanto la fantasía se limita por el mayor alcance de lo que percibimos. Por el contrario, la relación por chat aunque incluya la voz, la imagen y las palabras leídas o escuchadas, facilita que le adjudiquemos a nuestro interlocutor un lugar idealizado. La ilusión aumenta, la creencia de que esa persona es la que tanto tiempo estuvimos buscando se afianza y por supuesto que ante la concreción de un encuentro físico, las probabilidades de una fuerte frustración (inversamente proporcional a la idealización) son altas. Los olores, las miradas, el contacto de la piel, la manera de actuar, algunos detalles físicos y otros tantos aspectos antes no percibidos aparecen de repente y tienen efectos determinantes.
2.- En relación con lo anterior, la sexualidad desarrollada en la dimensión virtual no deja de ser el despliegue de nuestras fantasías sustentado por la tecnología. En el diálogo se da un juego de mensajes que, como en el ejemplo anterior, permite llevar a cabo (en un plano más cercano a la realidad corporal que en la fantasía en soledad) determinados deseos que de otra manera quizás sería difícil cumplir. Miles de varones y mujeres cumplen de esta manera fantasías homosexuales, bisexuales, sadomasoquistas, grupales, swingers, exhibicionistas, voyeuristas, transvestistas, o sencillamente liberan determinados comportamientos (palabras, gestos, roles, etc.) que de otra forma son impedidos por el pudor.
3.- Por lo tanto la sexualidad experimentada de esta manera nos acerca más al deseo puro (sin “filtros”), a las fantasías sexuales diversas que si fueran implementadas en un plano físico darían lugar a pensamientos o emociones difíciles de tolerar o procesar por el individuo: culpa, vergüenza, angustia, miedo…
4.- También tenemos conocimiento de casos en los cuales el ámbito virtual es utilizado para canalizar fantasías “parafílicas” (es decir perversas). Un caso típico es el de la paidofilia o pedofilia, que se refiere a las fantasías y/o comportamientos sexuales recurrentes que incluyen algún tipo de interacción sexual entre un adulto y un niño. Muchos adultos (en general varones) aprovechan este medio para vincularse con niños y seducirlos a los fines de una práctica sexual virtual o eventualmente real.
5.- Como vimos en el ejemplo del principio, y considerando el efecto que el erotismo virtual tiene sobre las fantasías sexuales, puede ser utilizado por parejas y personas solas para tratar determinado tipo de disfunciones sexuales, especialmente aquellas que tienen que ver con la disminución del deseo o “Deseo sexual hipoactivo”. Al permitir activar (o reactivar) los pensamientos positivos y excitantes, el deseo sexual se incrementa y empuja a la persona hacia la actividad sexual en alguna de sus formas. Pienso particularmente en parejas de muchos años de convivencia, aburridos como producto de la rutina y el descuido de su erotismo cotidiano, que encuentran en el sexo virtual un camino posible de diversificación de sus juegos sexuales sin los “riesgos” que puede deparar llevar a cabo esos actos en otros planos.
6.- Una implicancia interesante desde el punto de vista profesional, es el caso de aquellas personas que canalizan su sexualidad de manera mayoritaria o eventualmente exclusiva por la vía virtual. Al tratarse de un modo relativamente sencillo en cuanto al acceso a un “partenaire” sexual, sin compromiso afectivo, con bajo riesgo de fracasar en lo referente al rendimiento genital, con peligro nulo de contagio de enfermedades o embarazos no deseados, sin exponer el cuerpo (lo que a veces resulta traumático si no tenemos una autoimagen corporal positiva), y además con la oportunidad de dar rienda suelta a nuestras fantasías más ocultas… resulta tentador, ¿no? Sobre todo en una sociedad posmoderna en la cual todos estos aspectos constituyen trabas para la gratificación sexual en el plano de la relación “en vivo”. Los sexólogos vemos permanentemente en nuestra consulta cotidiana varones y mujeres que experimentan una sexualidad inhibida por la no aceptación de su cuerpo, la dificultad (por timidez y ausencia de habilidades sociales y sexuales) para tomar contacto con una eventual pareja sexual y/o afectiva, el temor al fracaso o a no responder a las expectativas de los demás, el miedo a contagiarse una enfermedad o a un embarazo no deseado, la dificultad para emprender una relación comprometida afectivamente y el temor al rechazo o a proponer fantasías que den lugar a burlas, degradación o incluso abandono.
En definitiva, tenemos que reconocer que se trata de una nueva realidad que está entre nosotros. Y en todo caso mi preocupación es que esta realidad se pueda canalizar de manera tal que contribuya a desarrollar nuestra sexualidad y enriquecerla, conduciéndola por caminos que antes no existían ante nuestros ojos. La sexualidad virtual no es buena ni mala en sí misma. La historia está plagada de situaciones que nos hacen pensar que un descubrimiento o invento en sí no tiene valoración propia, sino que la misma depende de cómo y con que fines se utilice.
Tenemos riesgos y tenemos oportunidades. El desafío que nos toca en este sentido (especialmente a los profesionales y todos aquellos formadores de opinión) es entonces minimizar los riesgos y amplificar las oportunidades. Eso implica superar la resistencia a las nuevas tecnologías, e integrarlas para convertirlas en herramientas de cambio para una mejor calidad de vida.
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Lic. Ezequiel López Peralta
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11:29 PM
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Etiquetas: Erotismo
viernes 7 de agosto de 2009
Mujeres sobreexigentes
Los roles de género han cambiado notablemente y a pasos agigantados, y eso se traduce no solamente en la relación cotidiana de la pareja sino también en su vida sexual. La mujer ya no asume un rol activo ni se conforma con un erotismo empobrecido. Pide, orienta, habla, indica, actúa, exige. ¿Cuales son las implicancias de esta evolución en los vínculos varón-mujer? Lo analizamos en una columna publicada en "Publimetro" de Chile.
http://www.scribd.com/doc/16012456/Mujeres-sobreexigentes
Mujeres sobreexigentes
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Lic. Ezequiel López Peralta
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7:39 PM
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Etiquetas: Entrevistas en medios
Claves para disfrutar del sexo anal

El sexo anal es una práctica cada vez más común en nuestros tiempos. Por eso, muchas personas necesitan despejar sus inquietudes al respecto de manera tal de disfrutarlo plena y responsablemente.
¿Existe alguna circunstancia física que resulte como una contraindicación para su práctica?
En este caso (como siempre) el cuerpo es sabio, por lo tanto cualquier dificultad que impida que esta práctica sea placentera y se transforme en dolorosa o molesta hace que sea desaconsejada. Ejemplos: hemorroides, constipación, diarrea, etc.
El tamaño del pene, es decir un pene grande, ¿juega como un factor en contra de una buena relación? anal ¿Existe el peligro de producir una lesión en el sujeto receptivo de la relación?
El ano es una cavidad que se dilata mucho más de lo que se cree, pero no tan fácilmente como la vagina. Muchas personas pueden ser penetradas analmente por penes gruesos y largos, pero en términos generales, obviamente, es más sencillo si el pene es chico. Se requiere una dilatación menor y además si el pene es grande produce bastante miedo y eso suele dificultar la relajación psicológica y física, condiciones básicas de una buena sexualidad anal.
Más allá de los riesgos de contagio del HIV, ¿el mantener relaciones sexuales anales que tipo de riesgos propios implica?
Con respecto al HIV aclaro que es la práctica sexual de mayor riesgo por la posibilidad de sangrados (a veces casi imperceptibles) y por la casi nula lubricación natural del ano (que se compone de una leve mucosidad). Otros riesgos son transmitir infecciones al pene o del ano a la vagina al entrar en contacto con microorganismos (parásitos y bacterias) presentes en el recto. Eso puede provocar infecciones como uretritis, vaginitis, etc., que son curables pero bastante molestas.
¿Existe alguna explicación por la que los hombres sientan especial atracción por esa práctica?
Sí, claro. Primero que nada se asocia a lo “perverso”, lo “prohibido” o lo “morboso”. Los hombres nos vemos seducidos por lo que trasciende a lo convencional y si bien el sexo anal hoy es practicado por un alto porcentaje de parejas, sigue teniendo ese sabor a lo trasgresor. Por otro lado, si la mujer nunca ha practicado sexo anal antes, tiene un encanto especial que es el de ser una “segunda virginidad”. Eso es un desafío y a veces una obsesión para muchos hombres.
Consejos. ¿Que recaudos durante el acto se deben tomar? ¿Siempre primero se empieza por la vagina y luego se pasa a la penetración anal? ¿Y de la anal se puede pasar a la vaginal?
No es necesario que se empiece por uno u otro lado. Da lo mismo, siempre y cuando se siga el deseo de ambos. Los recaudos básicos son:
-El acuerdo de los dos de practicar el sexo anal, es decir que no sea producto de la coerción o solamente para satisfacer a uno.
-Es interesante que una persona en solitario explore su ano con su dedo y sienta que cosas le provoca: sensaciones, deseos, etc. Así se irá familiarizando con la estimulación de esta zona.
-Que la persona que va a ser penetrada elimine los pensamientos negativos de su cabeza tales como miedo al dolor, objeciones morales, etc.
-Lo fundamental es que esté relajada/o y que no haga fuerza contraria a la penetración del Pene en su ano. Si hace esto, seguramente le va a doler.
-Tiene que haber una dilatación gradual y lenta. Primero con un dedo, luego con dos o más, e introducir el Pene muy lentamente y en la medida en que el ano lo permita.
También se pueden utilizar dilatadores anales que se venden en los sex-shop y tienen una forma que permite la dilatación progresiva.
-Una regla básica: utilizar un lubricante artificial hidrosoluble (derivado del agua) que son ideales para sexo anal y no dañan los preservativos.
-Utilizar preservativo por protección e higiene.
-Un lavado anal previo también es importante, aunque habitualmente las heces se encuentran en el recto solamente antes de defecar o si su consistencia no es normal.
-La mejor postura es que quien va a ser penetrada/o tenga el control del acto. Para eso se sienta encima del hombre (ubicado boca arriba), frente a él, y se realiza la penetración de manera lenta.
-Finalmente, si luego del coito anal se va a practicar el coito vaginal, debe cambiarse el preservativo o en caso de hacerlo sin el mismo, realizar un buen lavado del pene con agua tibia y jabón (preferentemente neutro). El ano contiene bacterias que de pasar a la Vagina pueden producir infecciones vaginales.
¿Como puedo convencer a mi pareja de tener sexo anal si ella no lo desea?
En el sexo una regla básica es el respeto por las diferencias y las preferencias. Si la pareja no desea hacer algo, entonces no se la debe forzar. En todo caso será cuestión de averiguar si realmente no desea practicar el coito anal porque no le gusta, le produce rechazo, dolor, displacer, etc., o si existe alguna manera (forma, momento, lugar) de que para esa persona sea placentero. Puede tener creencias negativas al respecto o ideas equivocadas, pero sin embargo desear hacerlo o al menos intentarlo. En estos casos será cuestión de dialogar, informarse, tener paciencia e intentarlo con otros métodos.
Cuando una mujer o un hombre "pasivo" desea ser penetrado y no puede "relajarse", ¿qué consejos se les puede dar?
Que respire profundo, y practiquen muchas caricias suaves y relajantes en todo el cuerpo antes de intentar nada. Si no está segura/o que no lo haga. Y que quede claro que la persona que va a ser penetrada es la que maneja la situación y el otro avanza en la medida en que se lo permite.
La práctica regular del sexo anal, ¿puede ocasionar algún problema a la salud? ¿Se puede perder el normal control del "esfínter"?
En realidad si el sexo anal se practica con cuidado y sobre todo con deseo de los dos no produce ningún tipo de alteración física. Es más, el ano es una zona erógena de gran potencial sexual y es muy interesante explotar al máximo sus posibilidades. Es excitante desde lo táctil, lo visual, y desde la fantasía que se genera. Los casos que conocemos de rotura del esfínter o desgarros del recto son por penetraciones muy violentas que en general se dan en situaciones de violación.
UN MITO: La sensación de placer sentida por un hombre ante la estimulación anal implica necesariamente deseos homosexuales.
Esto sería equiparar estimulación anal a homosexualidad, y eso no es correcto. No a todos los homosexuales les excita la estimulación anal, de hecho en nuestra cultura las prácticas sexuales homosexuales más frecuentes son la masturbación en pareja y el sexo oral.
La homosexualidad se relaciona con la orientación del deseo sexual, es decir si una persona siente atracción sexual predominantemente orientada al sexo masculino o femenino. Es un concepto mucho más amplio que la estimulación anal.
En los hombres, la próstata ubicada en la pared anterior del recto, puede ser una fuente de placer cuando se estimula con un dedo o un objeto. Muchos desean ser acariciados allí en los juegos heterosexuales y tampoco indica esta práctica deseos homosexuales reprimidos.
¿Cómo funciona el esfínter anal?
Este apartado está escrito por: Dr. Gerardo Gimenez Ramirez - Dra. Luz Jaimes Monsalve (VENEZUELA)
Dos anillos musculares llamados Esfínteres rodean el orificio anal y cada uno funciona independientemente.
El esfínter externo es controlado por el sistema nervioso central -como los músculos de la mano, por ejemplo. Se puede tensar y relajar este esfínter cuando se desee.
El esfínter interno es muy diferente. Este músculo es controlado por el sistema
nervioso autónomo, el cual gobierna funciones como los latidos del corazón y la respuesta al estrés. El esfínter interno refleja y responde al temor y ansiedad durante las prácticas anales. Estos causarán que el ano se tense automáticamente aún si la pareja pasiva está tratando de relajarse. Por ello, tomar precauciones acerca de la seguridad y el confort es esencial en este caso.
Aún si la persona se siente cómoda durante el coito anal, puede que necesite aprender el control voluntario sobre su esfínter interno con el fin de relajarlo a voluntad. Hacerlo requiere insertar regularmente el dedo, quizás en la ducha o durante el baño cada día, y sentir el esfínter interno. El músculo cambia espontáneamente y en respuesta a la conducta. En este caso, simplemente el poner atención es más importante que tratar de relajarse. Cualquiera puede aprender gradualmente a controlar el esfínter interno voluntariamente.
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Lic. Ezequiel López Peralta
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